El anacronismo de la monarquía

Jacinto Aroca

Como todos ya sabéis, el pasado sábado 14 de abril se conmemoraba el inicio de la II República y el fin de la monarquía de Alfonso XIII, dicho de otro modo, el 81 aniversario de la proclamación de la II República.

No es la primera vez que insto al Partido Socialista Obrero Español, en que milito desde hace décadas, a que, del mismo modo que lo hacen otros partidos de izquierdas, se comprometa a derogar la Carta Magna y a terminar con la monarquía y sus privilegios. Sí compañeros, es hora de hablar sin pelos en la lengua. Soy consciente de que este artículo le pueda chirriar a alguien en los oídos. Puede hasta incluso que no sea políticamente correcto. Lo asumo, pero tan solo pretendo que otros compañeros miren para atrás, recuerden nuestros orígenes, den un paso hacia delante y aboguen por la III República.

No se precisa tener estudios universitarios para entender que nadie, absolutamente nadie, independientemente de cómo, cuándo o dónde haya podido nacer, pueda venir a este mundo con el privilegio de tener toda su vida resuelta, con una total ausencia de obligaciones, salvo, cómo no, las familias reales. ¿Acaso tiene algún sentido mantener la figura del ciudadano Juan Carlos, al que nadie ha elegido? ¿Cómo se puede aceptar que el poder político de este ciudadano provenga de la Gracia de Dios? ¿No es el pueblo soberano quien deba elegir a sus políticos?

Qué diferente aquel 14 de abril, alegre, esperanzado y republicano, de este otro. En el primero España se despertó alegre, esperanzada y republicana. Por contra, el pasado sábado, mientras pasábamos la semana más negra desde que estalló la crisis, el borbón se divertía pegando tiros a los elefantes en un país del sur de África.

Lejos quedan sus palabras durante su último mensaje navideño: “Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos”. Ya no valen discursos demagógicos e hipócritas. Pongamos fin al despilfarro en cacerías, regatas marítimas y a una vida regalada y nada fiscalizada, como la de la monarquía. Es indignante que en un momento de extrema crisis económica, en donde hay más de 5 millones de parados, con la política de recortes producida en todos los ámbitos, el Estado financie las matanzas de animales de este ciudadano.

Mantener una estructura no democrática como es la Casa Real, en un sistema que sí lo es, supone un anacronismo difícil de digerir. Lejos de servir como faro de moral pública, la monarquía ha caído en la confianza de sentirse inmunes. Esta monarquía simboliza nuestro propio declive como pueblo, representa el más total de los desprecios por quienes están viviendo el drama de la crisis, simboliza amor propio, despotismo, pérdida de rumbo, impunidad, decadencia.

Por suerte no todo es malo. Por primera vez, se han oído voces autorizadas que censuran estas prácticas. Voces que proceden de nuestro propio partido. Voces como la del compañero Tomás Gómez, que afirmó que “el Rey debe elegir entre las obligaciones de sus responsabilidades o una abdicación”.

A estas alturas de la historia, no hace falta convencer a nadie de que el único régimen político cabal y sensato es la República Democrática.

Y por si quedara alguna duda: VIVA LA REPÚBLICA.